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Uno para todos y todos para uno

21 Feb

Los tres mosqueteros no eran tres. Eran tres más uno. O bien podría decir que D’artagnan no era mosquetero. No siempre vivieron juntos; no compartieron el mismo destino; eran muy distintos, pero siempre fueron amigos. Aun cuando escogieron caminos diferentes en la vida, su amistad no se rompió por el tiempo o la distancia. Aramis escogió tomar el hábito monacal, Athos decidió ser un buen padre y se retiró de la milicia, Portos se convirtió en un empresario de entretenimiento, diríamos ahora, y D’artagnan descubrió el difícil camino de ser un mosquetero en la corte de su majestad. No se vieron por años, no se hablaron, no se escribieron en el muro, ni se chateaban a diario. Con todo, sabemos que nunca se rompió la relación de hermandad entre estos personajes, que resistió las intrigas más terribles de la corte, la aspereza del olvido y de la guerra.

¿Por qué? se pueden preguntar porque estos personajes de Dumas son para nosotros una apología de la amistad. Yo creo que los une no solo las experiencias vividas, unas memorias entrelazadas, a estos seres los une un deseo de ser y romper con cualquier imposición sobre sus voluntades de ser hombres libres, ese anhelo de llegar hasta el final de sus sueños. Son hombres que se reconocieron como iguales en este deseo de vencer al mundo y de disfrutarlo al máximo, sin apabullarse por el dolor, la cobardía o la muerte. Por eso considero yo, que su amistad perdura y anima con el paso del tiempo nuestras lecturas.

Dicen que los buenos amigos, aun cuando haya pasado muchos años, se pueden reconocer por ello, por que comparten no solo memorias sino también porque comparten sueños. Así que, no importa si no te postean seguido en el Twitter o en tu cuenta de facebook, si no puedes verlos cada mañana en el puesto, al lado tuyo, si viven en Chile, Toscana o Moscú, o si se volvieron farmacéuticos. Tus amigos están unidos a ti en tu pasado y futuro cuando recuerdas, crees y te la juegas por esos sueños que compartieron alguna vez. Y pasarán los días, los años, envejecerás, se te caerá el pelo, engordarás hasta que alguna vez, te los encuentres en el metro o pasando la calle, los veas a los ojos, igualmente cambiados, pero aun así podrás sonreír y reconocerte en esa mirada amiga.

 

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