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BORGES Y WALSH: DOS MOMENTOS DE LA NARRATIVA CRIMINAL ARGENTINA

18 Jun

Nohora Astrid Torres Buitrago

10 de mayo de 2012

En este ensayo se plantea el desarrollo de la narrativa policiaca en Latinoamérica en dos ejemplos representativos de adopción del género: la obra de Borges como crítico, traductor y autor del género policiaco junto a Bioy Cáceres. De allí, se presenta la adaptación del género hacia la narrativa negra, y, finalmente, la tendencia de la narrativa criminal de non fiction, tomando como ejemplo las obras de Rodolfo Walsh.

CRIME NOVEL

Si bien, la narrativa sobre el crimen hunde sus raíces en tradiciones tan antiguas como la misma humanidad. Tómese como paradigma el libro del Génesis con la narrativa del primer asesinato, o bien el “Edipo Rey”, donde se recrea la primera investigación deductiva. En efecto, Edipo resulta ser el primer detective que por ingenio e investigación deductiva descubre que él es el mismo culpable del crimen que analiza; así con posterioridad, a finales del S. XIX, surge el papel del criminal en la novela del realismo de Dostoievski, donde el lector logra acercarse al discurso interior de la culpa que vence a Raskolnikov. Con todo, resulta ser hasta la plena eclosión de las ciudades modernas cuando aparece la verdadera revelación del género, gracias a la aparición del enigma y del juego entre el criminal y el detective en la narrativa detectivesca anglosajona con Poe y Doyle.

A partir de las diferentes denominaciones que ha recibido este tipo de narrativa tales como: novela negra, narrativa policiaca, narrativa detectivesca, hard-boiled, de espionaje, criminal, entre otras, se puede denotar la versatilidad de esta narrativa y la amplitud de temas que ha abarcado en sus páginas. En principio, se podría caer en la ambigüedad que resulta de encasillar todas estas variables en un solo género narrativo sin mayor distinción. Para evitar esta imprecisión, se propone la distinción que, según Hubert Poppel (2001: 16), se pueden hacer en este haz de matices que van del orden cerrado de la narrativa policiaca, pasando por la apertura caótica de la novela negra, hasta la estructura abierta de la narrativa testimonial que limita confusamente con el género periodístico. Para comenzar se parte de una distinción fundamental entre novela policiaca y novela negra:

“novela policíaca al subgénero novela detectivesca o de enigma y una cercanía del término novela negra al subgénero Triller. EI-primero conlleva la connotación de asesinato limpio; de investigación lógico-racional y de un comportamiento bien educado de los personajes; el segundo; la de violencia innecesaria de un ambiente sórdido y de ciudades caóticas”. (Poppel: 16)

DE DUPIN A DON ISIDRO PARODI

En una entrevista realizada a Borges en 1963, cuando se le preguntó al maestro si conocía el origen del género policiaco, este respondió concretamente que la narrativa policiaca nació propiamente en 1841con la publicación del cuento de Edgard Allan Poe, “Los crímenes de la calle Morgue “, donde se encuentran explícitos los fundamentos de la narrativa detectivesca.

¿Cuáles son estos fundamentos que aparecen allí definidos?, según Borges ( Castellino: 94) resultan ser principalmente estos tres: la aparición del crimen presentado como un enigma sin resolución aparente, la intervención del detective que por medio del ingenio e inteligencia, devela “ la verdad”, mostrando a la luz de la razón el mecanismo del enigma y; finalmente, la creación de un lector suspicaz que revela el juego de la metalectura con el autor en la construcción de la trama policiaca.

Borges, así como Bioy Casares con quien compartía el gusto por la narrativa policiaca, realizó numerosas traducciones, la más conocida, la colección de “El Séptimo Círculo” especializada en intriga y diversos estudios de las novelas policiacas de la escuela anglosajona, reseñando como maestros del género a Ellery Queen, Chesterton, Doyle y Poe entre otros, de los cuales sintetizó sus propios principios de construcción del género. La narrativa policial se fundamenta primordialmente para Borges, en la resolución del enigma que representa el crimen, si bien en el caso de la novela a diferencia del cuento, considera que aparte debe condimentarse con un enfoque psicológico para no tornarse pesada.

A falta de otras gracias que lo asistan, el cuento policial puede ser puramente policial. Puede prescindir de aventuras, de paisajes, de diálogos y hasta de caracteres; puede limitarse a un problema y a la iluminación de un problema. En cambio, la novela policial tiene que ser también otras cosas, si no quiere ser ilegible (Borges: 47)

En el hallazgo de la solución pueden existir un número limitado de sospechosos. Además, subraya la diferencia entre el estilo descriptivo de la narrativa policiaca clásica inglesa que, sin evadir los detalles importantes, presenta con pudor, en un ambiente lo más objetivo y aséptico posible, las escenas criminales.

Además, se le debe a Poe la creación, según Borges (1963), de un lector suspicaz, propio de la narrativa policiaca. Se trata de un lector -detective que discurre hipótesis de resolución del enigma junto al protagonista. Incluso un lector que recela de los personajes, las situaciones y las evidencias que aparecen como piezas de un gran rompecabezas. Aparece un tipo de lector sospechoso de todo, hasta el último detalle del argumento. Asimismo se trata de un lector atento y consciente del juego del autor con quien comparte la experiencia del artefacto-enigma, que es la trama cerrada y premeditada del argumento, por donde como un laberinto de oscuridad transita apenas con las luces de las pistas que le ha puesto el autor. Por este laberinto, el personaje detective finalmente se libera con genialidad, uniendo con lógica maestra todas las piezas del mecanismo criminal, que parecía irresoluble y descubre la salida del enigma, precisamente aquella que menos sospechaba el incrédulo lector. La solución tanto para Borges, como para Poe y Chesterton debe ser a la vez necesaria, sencilla e insospechada.

-“. La verdad no está siempre en el fondo de un pozo. En realidad, yo pienso que, en cuanto a lo que más importa conocer, es invariablemente superficial. La profundidad se encuentra en los valles donde la buscamos, pero no en las cumbres de las montañas, que es donde la vemos.” (Poe: 11)

Para Borges el perfil clásico del detective comprende diversos rasgos que luego se tipificaran en el legado posterior. Uno de los rasgos característicos del detective es la genialidad exenta de emocionalidad. El detective no se dedica a resolver intrigas por misión o amor a la justicia, tanto Dupin como Holmes lo hacen por demostrar su astucia e ingenio. En términos de Poe, parece que la mente calculadora y analítica debe ocuparse en un problema complejo que la entretenga, si bien no por ello, estos héroes trasgreden la línea de la ética social, y prestan su ayuda tanto a la policía como a particulares que lo requieran, recuperando el orden del mundo, de la legalidad en este caso, al modo de las antiguas novelas de caballerías. Además, se caracteriza el personaje con otros rasgos particularizantes: el carácter disocial, bohemio, o extravagante es propio del detective, como se aprecia en las costumbre noctámbulas de Dupin o en la falta de emocionalidad en Sherlock Homes, o bien en la propensión de ambos a las drogas, por otro lado contrarios a estos, se emplea la representación atípica del héroe como un anciano afable e inocentón que esconde una mente sorprendentemente inquisitiva, tal es el padre Brown de Chesterton.

En este punto, resulta fundamental el método de “detección” del investigador- para la caracterización de los rasgos de la narrativa policiaca, ya que tiende a ser racional y deductivo, sintetizando paso a paso sus deducciones hasta la conclusión reveladora final. En cuanto a esto, Borges diferencia la capacidad innata del detective de descubrir el juego del criminal en el desafío intelectual y la lucha de ingenio deductivo del empleo de artificios como la grafología, la dactiloscopia y demás ciencias de investigación forenses, que le parecen resoluciones baratas y artificiosas. Así también, encuentra relevante la dicotomía de la pareja clásica propuesta (Watson-Homes) de Arthur Conan Doyle, donde Sherlock representa la figura docta, calculadora, ante su compañero y escudero Watson, el médico, más pasional y lento en conjeturas. Borges resalta la configuración de la pareja detectivesca clásica que parodia la clásica antítesis de Sancho y Don Quijote; así mismo hace patente el recurso propio de este género de recurrir a un narrador implicado en la acción principal, pero ajeno a los pensamientos del investigador protagonista (Castellino: 8).

Borges, debido en gran parte a esta afición a la narrativa detectivesca, ensaya con su amigo y escritor Adolfo Bioy Casares la escritura de esta narrativa a modo de parodia o pastiche (Castellino: 102), empleando como paradigma el estilo de los anglosajones que había leído, reseñado y traducido al castellano, como Ellery Queen, Chesterton, Poe y Doyle. El dúo Borges –Bioy Caceres escribe bajo el seudónimo de “H. Bustos Domecq” la obra “Seis problemas para Don Isidro Parodi” donde se pueden evidenciar temas y figuras paradigmáticas de la narrativa clásica detectivesca inglesa. Para Castellino, la narrativa policial de Borges- Bioy Cáceres no se limita solo a crear una escritura de tributo a las tradicionales de la narrativa detectivesca anglosajona en las historias de Don Isidro Parodi, sino logra superar el modelo construyendo una parodia que trasgrede los límites de las mismas.

Basta con fijarse en la absurda situación del detective, Don Isidro Parodi, quien honesto peluquero, es condenado de un día a otro a la reclusión por veintiún años en un injusto proceso donde se le imputa el asesinato de un carnicero que ni siquiera conocía, por funcionarios estatales corruptos que no les conviene que este libre. Se nota en principio la burla de la justicia como valor absoluto que rige en la trama de la novela de corte clásico anglosajón. De manera evidente se ve la paradoja, un inocente es condenado, e incapaz de demostrar su propia inocencia debido a la corrupción judicial, dedica sus días de encierro a leer las noticias del periódico y resolver los casos más intrincados sin salir siquiera de su reclusión, empleando únicamente su ingenio. La ruptura es definitiva con la noción de justicia trabajada en la narrativa anglosajona, ya que la trama no puede evolucionar de ningún modo, el detective es incapaz de vencer los engranajes de la corrupción que lo mantienen preso, aun cuando logra develar varios casos que salvan el “buen nombre” de sus interlocutores, ni siquiera de ellos recibe una posibilidad de escapatoria diferente a la evasión analítica en el mundo referido por ellos en sus diálogos.

“Dicen que yo también maté a uno, y sin embargo aquí me tiene. No se ponga nervioso; el asunto ese de los drusos es complicado, pero, si no lo tiene entre ojos algún escribiente de la 8, tal vez pueda salvar el cuero.” (Borges y Bioy Cáceres, 1942: 11)

Por añadidura, el lenguaje criollo expone una argentinidad exorbitante, ajena a la frialdad del lenguaje anglosajón, incorpora el regionalismo propio del ambiente rioplatense. De esta manera, enriquece a los personajes con un rasgo de la cotidianidad y de sus propias formas de habla, que permiten incluso lapsos de ironía y comedia que dejan patente la emulación satírica de los ambientes aépticos y noble-burgueses de la novela policiaca tradicional tipo Sherlock Holmes. El juego de la intertextualidad en la narrativa de Bustos Domecq llega incluso a la intromisión de personajes famosos de otros autores en la trama, tal es el caso de “Las noches de Goliadkin”, donde aparece inmerso en la intriga, el nombre del padre Brown de Chesterton, si bien es apenas en el papel de uno de los asesinos que intenta robar una preciosa joya, como la que protegía el padre en el cuento original “La Cruz Azul”.

El prisionero de la celda 273 descubre el misterio que envuelve cada crimen por medio de la investigación, no en las pruebas recabadas en la realidad, ni en hechos o evidencias, sino en la recreación de la realidad ficcional por medio del lenguaje que dan parte cada uno de sus interlocutores. Como constructor de quimeras, emplea los diálogos con sus interlocutores y la información que le llega en las páginas de los diarios, para intuir el enigma en la dimensión laberíntica de la palabra. De esta suerte, Don Isidro es el profeta que prisionero, navega con las luces de su imaginación por la bruma de las palabras que constituyen el enigma para iluminar con su ingenio la verdad del crimen.

Aparte de los trabajos policiales centrados en el personaje de Don Isidro Parodi, Borges también experimenta con el paradigma de la novela negra explorando el papel del criminal con matices fantásticos en la trama. Es el caso del cuento “El jardín de senderos que se bifurcan”, así como el de “la muerte y la brújula” de 1942, en estos, invariablemente concentra la fuerza simbólica de la trama en el enigma-laberinto infinito que desafía la imaginación del lector y del detective quien, al resolver el enigma, simultáneamente se condena a muerte.

Para la otra vez que lo mate —replicó Scharlach—, le prometo ese laberinto, que consta de una sola línea recta y que es indivisible, incesante.

Retrocedió unos pasos. Después, muy cuidadosamente, hizo fuego.

(Borges, 1942:9, la muerte y la brújula.)

RODOLFO WALSH,

ENTRE LA NARRATIVA POLICIACA Y TESTIMONIAL

«¿Puedo volver al ajedrez?… Puedo. Al ajedrez y a la literatura fantástica que leo, a los cuentos policiales que escribo»… «La violencia me ha salpicado las paredes, en las ventanas hay agujeros de balas, he visto un coche agujereado y adentro un hombre con los sesos al aire, pero es solamente el azar lo que me ha puesto eso ante los ojos. Pudo ocurrir a cien kilómetros, pudo ocurrir cuando yo no estaba». (Walsh: 11-12)

Borges representa la primera exploración seria de los autores latinoamericanos al género desde la exegesis y la parodia del estilo clásico de la narrativa inglesa, y propone los fundamentos de este género en Latinoamérica. A partir de allí, surgen en Argentina nuevos intentos de exploración del género. Una muestra del progreso más evidente en el género de estructura tradicional del enigma cerrado, a la progresión abierta de la narrativa testimonial se puede evidenciar en la obra de Rodolfo Walsh, realidad reinventada en lo que denomina Truman Capote, como non-fiction.

La primera etapa de la escritura de Rodolfo Walsh se ve marcada profundamente por la influencia de la tradición clásica detectivesca británica, a la que ya se ha hecho referencia con Borges, y por la presencia cercana del propio Borges en su obra, así como de autores norteamericanos como Hammet y Chandler de la tendencia de la novela negra o hard boiled, que tomaba auge para la época cuando Walsh se desempeñó como traductor y corrector de la editorial Hachette. Para esta editorial compiló la colección de “diez cuentos policiacos argentinos” en 1953, mismo año en el que se publica la primera obra de narrativa policiaca de su autoría “Variaciones En Rojo”. En esta se denota la construcción narrativa del esquema clásico detectivesco apegada a los preceptos de una trama cerrada y perfectamente calibrada en torno a la resolución del enigma. Para Lola Fernández Jiménez (64) en esta etapa, “Walsh mantiene el gusto por los juegos de inteligencia, por los crímenes pasionales perpetrados en un lugar cerrado y por la exactitud geométrica de las pistas, las cuales son ofrecidas al lector sin trucos, para que éste disponga de todos los datos necesarios para resolver el enigma, antes incluso que el propio investigador.” Particular incluso en esta franqueza artificiosa, resulta el recurso que emplea de dibujar planos de los espacios donde se desarrolla la intriga, para ilustrar al lector inquisitivo y pueda efectuar sus propias elucubraciones. Aparte de los temas prototipo de la tradición anglosajona, en sus cuentos policiacos se observa la reminiscencia de los símbolos del combate racional del ingenio propio de Borges, como el juego de ajedrez en el relato “un asesinato a la distancia”. De igual forma, los personajes que develan las intrigas, el periodista Daniel Hernández así como el comisario Laurenzzi, siguen el paradigma del modelo detectivesco clásico sazonado apenas con el dialecto y el ambiente bonaerense. Sin embargo, al parecer de Fernández Jimenez, se muestra una inclinación más marcada en la saga de Laurenzzi por la novela negra o “hard boiled”. De hecho, los cuentos de esta etapa tienen un doble fondo donde el detective debe evidenciar el conflicto social subyacente en la intriga para develar el enigma, que no siempre logra descifrar a tiempo. Laurenzi deviene, entonces, en un héroe fracasado que, como caballero andante deambula por las tierra olvidada del estado intentando imponer la justicia, al menos individual, por sobre el estado de desorden criminal.

En la tercera etapa de su escritura, Walsh sufre un profundo cambio de perspectiva dado por las circunstancias sociales y políticas que experimentó en su vida como periodista y como activista de izquierda durante las dictaduras que condenaron a la Argentina desde la década de los años cincuentas hasta, finalmente su propia y forzada “desaparición” durante el gobierno de Videla a finales de la década de los setenta, tras la declaración pública de los crímenes cometidos por este régimen en su obra postrera de corte investigativo periodístico que tituló “ Carta abierta de un escritor a la junta militar” 1977 .

En 1957, Walsh publica “Operación Masacre”, relato que recoge la investigación que recabó personalmente durante años con pruebas de la masacre realizada en 1956 por la dictadura de los generales Aramburu y Rojas, donde son asesinados sin juicio alguno a balazos en un basural trece civiles, por haber participado en los grupos sindicales de oposición al régimen. Pero, al parecer, no todos mueren allí, aparece un sobreviviente ante el incrédulo periodista y le narra el caso. Walsh decide arriesgarse y tomar el caso personalmente, sin darse cuenta que de allí en adelante, él mismo asume el papel del detective de sus novelas policiacas y que, trocándose ficción por realidad, ya no hay certezas posibles. El enigma se convierte en la mentira oculta ante los ojos de toda la sociedad por un estado criminal que evade su responsabilidad. De esta manera, aun si el periodista reconstruye la terrible verdad que devela la intriga a costa de poner en peligro su propia vida, y es concluida y publicada su obra casi clandestinamente un año después, queda inconcluso el epílogo natural de la trama de la non- ficción novelesca, a falta de alguien que le quiera creer, aunque sea evidente, aunque sea verdad. Asume el papel del detective que fracasa inapelablemente ante la corrupción y la anomia de la realidad.

“En lo demás, perdí. Pretendía que el gobierno, el de Aramburu, el de Frondizi, el de Guido, cualquier gobierno, por boca del más distraído, del más inocente de sus funcionarios, reconociera que esa noche del 10 de junio de 1956, en nombre de la República Argentina, se cometió una atrocidad.

Pretendía que, a esos hombres que murieron, cualquier gobierno de este país les reconociera que la justicia de este país los mató por error, por estupidez, por ceguera, por lo que sea… aquí donde las palabras son tan fáciles, donde no cuestan nada las palabras, que hubo un error, que hubo una fatal irreflexión, para qué decir un crimen.”(Wash: 1964, 164)

De esta suerte, sin querer queriendo, Wash inventa antes que el propio Capote la narrativa de Non Fiction. De esta manera lo considera Fernández Jiménez, que cita a su vez a Andreu Martín (85):

“La literatura de no-ficción parece estar afirmando que la realidad contiene riqueza suficiente como para no tener que inventar otra, hasta el punto de que, en muchas ocasiones, lo real dé lugar a situaciones más inverosímiles que la ficción.”

Añade Fernández Jiménez, que Walsh aporta no solo los recursos periodísticos y el material histórico, sino además, la modelización de este texto a un objetivo claro que, irónicamente, resulta ser el mismo que aquel asignado al detective de la ficción policiaca, el fin último de Walsh “es el de denunciar el crimen y restablecer la justicia”. El mismo Walsh, (En Piglia, Lafforgue, 16) puede despejar las dudas sobre lo que se proponía con esta obra: “Yo creo que la denuncia traducida en arte se vuelve inofensiva, es decir, se sacraliza como arte. Por otro lado, el documento, el testimonio, admite cualquier grado de perfección, en la selección, en la investigación se abren inmensas posibilidades artísticas.”

Como se puede ver en los dos autores comentados, Borges y Walsh, el desarrollo de la narrativa policiaca en Latinoamérica, específicamente en Argentina, se orienta hacia los terrenos de la investigación periodística de no ficción, es decir, que se da un desplazamiento de la ficcionalidad de la estructura narrativa anglosajona hacia la apertura máxima de la obra literaria asumiendo la función social del texto como testimonio o documento no ficcional. Este texto literario y no ficcional, así enriquecido y estructurado bajo los preceptos de resolución del enigma, ordenamiento del mundo, investigación –detección- que hacen parte de la estructura del género policiaco desde sus comienzos, evidencia la necesidad del autor por realizar una búsqueda de orden social al menos individual, una denuncia de la corrupción y la degradación de la justicia en la sociedad latinoamericana.

TRABAJOS CITADOS

BORGES, JORGE LUIS, BIOY CASARES, Adolfo. Seis problemas para don Isidro Parodi, 1942. Buenos Aires: Ediciones Nuevo Siglo, 1995. Pdf. En: http://elortiba.galeon.com

BORGES, JORGE LUIS. El jardín de senderos que se bifurcan. Pdf

____________________. En: La muerte en la literatura. Entrevista a Jorge Luis Borges (1963). La novela policial. Revista Contratiempo. Año III N° 6 / Otoño – Invierno, 2003. Html. Visto en: http://www.revistacontratiempo.com.ar/borges2.htm

CASTELLINO, Marta Elena. Borges y la narrativa policial: teoría y práctica. En: Revista de Literaturas Modernas, Nº 29, 1999, Mendoza, Argentina, ISSN 0556-6134. Pdf.

FERNÁNDEZ JIMÉNEZ, Lola. Realidad, ficción y género policíaco en la obra de Roberto Walsh.pdf.

PIGLIA. Walsh y El lugar de la verdad. En: LAFFORGUE, Jorge y otros. Textos de y sobre Rodolfo Walsh. Buenos Aires: Alianza,2000, p. 139-166.pdf.

POPPEL, Hubert. La novela policiaca en Colombia. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 2001. Html. Visto en: http://javeriana.edu.co/narrativa_colombiana/contenido/modelos/poppel.htm

WALSH, Rodolfo. Operación masacre. Buenos Aires: Ed. La Flor. 2000.pdf.

 

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